EL ANGLIRU (I). LA CUMBRE DEL MIEDO

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EL ANGLIRU (I). LA CUMBRE DEL MIEDO

Mensaje  tonito el Dom Sep 14, 2008 1:56 pm

Al Angliru lo salva su éxito. No hay puerto más incómodo ni temido. Arriba es un simple pastizal. Boñiga y vacas. Nada. El final de un viejo sendero para los mineros que arañaban carbón en el pozo de Montsacro, el de Hunosa, y que, a la vez, pastoreaban sus vacas. Tuvo que ser un ciego, Miguel Prieto, el primero que lo vio como cuesta para la Vuelta a España. Prieto era en 1996 director de Información de la Once. Subió allí con un altímetro colgado al cuello y la lupa con la que apenas ve. Le puso números a aquel borrón: 13 kilómetros terribles. Y rampas del 23%. Mandó una carta a Unipublic. Deletreó su visión. «Hay un puerto en Asturias...».
La Vuelta regresa hoy por cuarta vez al camino descubierto por Prieto. Y lo hace con el mismo miedo: «Pido a los aficionados que no empujen a los ciclistas, que no les echen agua, que no invadan la carretera; que no pinten el asfalto, que si no patina», reclama Víctor Cordero, director de la carrera. Cruza los dedos: que no llueva, que no se abrase el embrague de ningún coche. Todo son temores. Pero el Angliru los vale. Ningún puerto tiene su gancho mediático. De reto. Aventura. Dice Marzio Bruseghin, el ciclista que en 2008 ha encadenado Giro, Tour y Vuelta, que no vale la pena «subir en bici algo que que asciende más rápido a pie». Esa norma se la salta el Angliru. El puerto del miedo.
O no. Menos lobos. «Ya tenía ganas de que llegara», aseguró ayer Contador. El que reclama dureza. Más madera. «Dicen que lloverá al principio de la etapa y que al final habrá niebla. A mí me va ese clima». Y el calor. Y lo templado. «Me he levantado recuperado. Optimista. Con fuezas. Además, mis rivales están por detrás en la general». Delante, sólo ve aliados: el Angliru de hoy, las Fuentes de Invierno de mañana y las revueltas de Navacerra, ya al final de la Vuelta. Descuenta días y adversarios. «Ahora mis rivales son Sastre y Antón». Irá a por ellos con un 36x28 si no llueve; 34x27 con agua.
A Sastre, campeón del Tour, no es fácil intimidarle. «Todavía no he visto nada extraordinario en Contador», replicó. Su método es la paciencia. Como en la Grande Boucle. Allí aguardó hasta la cuesta final: Alpe d'Huez. «Ojalá se vea otra vez a ese Sastre», deseó. «Cada día me encuentro mejor». Ya no le pesa su traslado del CSC al Cervélo. Ya lo ha anunciado. Y ya superó su peor prueba, la de los Pirineos: «Allí pudieron descartarme y no lo hicieron» . Sastre espera: Contador apenas le saca un minuto.
Antón, con confianza
Antón es otra cosa. Es joven. Vive al día. Hoy es el del Angliru. El ciclista vizcaíno es de mitos y gestas. En 2005, en su debut en el Giro, subió cerca de los mejores La Finestre, aquel puerto de tierra. Le van esos retos. «Si puedo elegir, me quedo con esta etapa antes que con un puesto en el podio». Anda nervioso, pero «con confianza». Mirará al Astana, el equipo que «romperá la carrera». Y luego se clavará a Contador. «Cuando Alberto arranca te saca de punto. Pero el Angliru es constante. Voy a tratar de aguantarle». Para Antón hoy es el estreno. Una vez vino al Angliru como aficionado. a palparlo desde la cuneta: «Olía a moto quemada. Recuerdo que se rompió el coche del Kelme y que la gente subía a chepazos». Él escala de pie. Aleteo. «El Angliru es descomunal, dos puertos en uno. Se hará eterno». Como el ciclista que gane.
Quedan Mosquera, la reacción del derrotado Valverde, la respuesta de Gesink y el papel que pueda jugar Leipheimer, el compañero que no gregario de Contador. A todos ellos pondrá bajo su lupa el Angliru. La desmesura.
En 1993 aún lo llamaban 'La Gamonal'. Los cicloturistas asturianos iba allí para su desafío anual: tratar de subirlo sin echar el pie a tierra. Como Samuel Sánchez, que arriba ganó una apuesta de 5.000 pesetas. «Veo ese monte desde mi casa», recordó el campeón olímpico. Ahí, en la ventana. Reclamo en piedra. Clarín, en 'La Regenta' lo colocó en 'Los montes de Cortín'. Para los vaqueros era un lugar de pasto. Para los botánicos es un buen refugio para el acebo, la prueba vegetal de que allí no queda contaminación. Para Rominger «subir el Angliru es como ver el paisaje desde la ventanilla de un avión». Y para Miguel Prieto, el ciego visionario, era el borrón que iba a iluminar la historia reciente de la Vuelta. Como hoy.

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